Ya sea en nuestros negocios o en nuestra vida misma
constantemente nos vemos obligados a tomar decisiones.
Algunas decisiones podrían no tener consecuencias
significativas, pero otras, por más pequeñas que sean, podrían determinar el
éxito o el fracaso.
Por tanto, sin importar el tamaño que tengan, siempre
debemos procurar tomar buenas decisiones.
Y, por tanto, siempre debemos tener cuidado al momento de
tomar una decisión, lo cual implica recabar información que nos ayude a
decidir, desarrollar alternativas, y luego analizarlas (evaluar sus ventajas y
desventajas, y calcular sus posibles consecuencias tanto inmediatas como a
largo plazo).
Mientras más importante sea una decisión (mientras más
grande sea el impacto que pueda tener en nuestros negocios o en nuestra vida),
mayor cuidado debemos tener al momento de tomarla (mayor información debemos
recabar, mayores alternativas debemos considerar, y mayor tiempo debemos
tomarnos en analizarlas).
Aunque, por otro lado, si se trata de decisiones cotidianas
o rutinarias, debemos tener la capacidad de analizar y decidir rápidamente,
confiando en nuestro buen juicio, nuestra experiencia y en nuestra intuición.
Al momento de tomar una decisión debemos tomar en cuenta
tres cosas:
no analizar una decisión en exceso: cuando se trata de una
decisión importante, debemos analizarla bien antes de tomarla, pero sin
exagerar, sin llegar al punto de querer recabar toda la información existente,
o querer preverlo o planificarlo todo.
Si nos tomamos demasiado tiempo en analizar una decisión,
podríamos llegar a lo que se conoce como “parálisis por análisis” y al final
ser ya demasiado tarde para decidir; debemos tener en cuenta que no podemos
preverlo todo y que siempre habrá cierto riesgo que debemos aprender a asumir.
no tomar decisiones en base a emociones: no debemos tomar
decisiones dejándonos llevar por el apuro, por la presión, por el odio, por
hechos pasados, o por lo que digan los demás; debemos procurar tomar decisiones
estando lo más tranquilos posible (lo cual nos dará claridad y sabiduría), y
siendo lo más objetivos posible.
confiar en nuestra intuición: nuestra intuición sabe cuándo
una decisión que estamos por tomar es o no la correcta; si es la correcta,
podría manifestarse haciéndonos sentir tranquilos y optimistas; pero si no es
la correcta, podría alertarnos haciéndonos sentir dudas, miedo o preocupación.
Si nuestra intuición nos dice que la decisión que estamos
por tomar es la correcta, debemos dejar de seguir dándole más vueltas al asunto
y tomarla sin perder más tiempo; pero si nos dice que no es la correcta, no
deberíamos tomarla por ningún motivo.
Si luego de haber analizado una decisión, ésta sigue siendo
poco clara al igual que nuestra intuición, debemos recabar mayor información y
tomarnos más tiempo en analizarla; pero si a pesar de ello seguimos sin
encontrar una respuesta, tenemos las siguientes alternativas:
buscar un estado de silencio interior: tranquilizar nuestra
mente y buscar un estado de silencio interior hasta que nuestra intuición nos
diga qué decisión debemos tomar.
olvidarnos de que hay que decidir: olvidarnos del tema y
ponernos a hacer otras cosas que distraigan nuestra mente hasta que nuestra
intuición de un momento a otro nos dé la respuesta.
abstenernos de tomar una decisión: en ocasiones la solución
podría ser esperar que las cosas de algún modo se resuelvan solas, o que
alguien tome la decisión por nosotros.
pedir ayuda: solicitar la ayuda o el consejo de alguien que
consideremos capaz de ayudarnos a tomar la decisión correcta.
ponernos en la cabeza de alguien: ponernos en la cabeza de
alguien que consideremos capaz de tomar la decisión correcta, y pensar qué
haría ese alguien en nuestra situación.
Una vez que hemos tomado una decisión, es posible saber si
fue la correcta si nos sentimos tranquilos y hasta nos olvidamos de que hubo
alguna decisión; también podemos saber si hemos tomado una buena decisión
cuando vemos que todo fluye y nos sale bien.
Pero si, por el contrario, empezamos a encontrar obstáculos
en el camino o las cosas empiezan a salirnos mal, no debemos cambiar nuestra
decisión tan rápido, sino pensar en seguir con ésta hasta el final, libre de
dudas, remordimientos o preocupaciones.
Debemos tener en cuenta que es difícil prever realmente cuál
será el desenlace de una decisión (una decisión que al principio pareciera
haber sido mal tomada a la larga podría conducirnos a una gran oportunidad), y
que no podemos estar perdiendo el tiempo en rehacer decisiones.
Sin embargo, si el camino presenta demasiadas dificultades,
debemos ser lo suficientemente responsables como para aceptar que tomamos la
decisión equivocada, y lo suficientemente flexibles como para cambiar nuestra
decisión.
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